miércoles, 11 de abril de 2007

Hiperlipidemia



Numerosos estudios internacionales a largo plazo han mostrado una relación convincente entre las anormalidades del metabolismo de los lípidos y el aumento del riesgo de CC e ictus. Esto es cierto sobre todo cuando están elevados los niveles de colesterol total y LDL (lipoproteínas de baja densidad) y/o están reducidos los niveles de HDL (lipoproteínas de alta densidad). En estudios recientes se han hallado más datos que relacionan el exceso de riesgo con diferentes fracciones de las lipoproteínas (OMS 1994a).

En los estudios MONICA de la OMS realizados a mediados del decenio de 1980, se ha observado que la frecuencia de los niveles elevados de colesterol total (6,5 mmol/l) varía de forma considerable en los grupos de población de todo el mundo (OMS-MONICA 1988). La tasa de hipercolesterolemia en las poblaciones en edad de trabajar (35 a 64 años) osciló entre el 1,3 y el 46,5 % en los varones y entre el 1,7 y el 48,7 % en las mujeres. Aunque los límites fueron en general similares, los niveles medios de colesterol en los grupos de estudio de diferentes países variaron de forma significativa: en Finlandia, Escocia, Alemania oriental, los países del Benelux y Malta se halló un promedio superior a 6 mmol/l, mientras que los valores medios fueron inferiores en los países de Asia oriental, como China (4,1 mmol/l) y Japón (5,0 mmol/l). En ambas regiones, las medias fueron inferiores a 6,5 mmol/l (250 mg/dl), el nivel seleccionado como límite de la normalidad; sin embargo, como se mencionó antes en el caso de la tensión arterial, el riesgo aumenta de forma progresiva según se eleva el nivel, en vez de existir una delimitación clara entre los niveles normales y anormales.
De hecho, algunas autoridades sanitarias han señalado un nivel de colesterol total de 180 mg/dl como el nivel óptimo que no debe superarse.
Hay que subrayar que el sexo es un factor determinante porque las mujeres presentan niveles medios de LDL inferiores.
Este puede ser uno de los motivos por los que las mujeres en edad de trabajar tienen un índice de mortalidad por CC inferior.
Salvo por el número relativamente escaso de individuos con hipercoletesterolemia hereditaria, los niveles de colesterol suelen reflejar el consumo con la dieta de alimentos ricos en colesterol y grasas saturadas. Las dietas basadas en frutas, productos vegetales y pescado, en las que se reduce la ingesta total de grasas y se sustituyen las grasas poliinsaturadas se asocian en general a niveles bajos de colesterol. Aunque su papel no se conoce con certeza, se cree que el consumo de antioxidantes (vitamina E, carotenos, selenio, etc.) influye también en los niveles de colesterol.


Los factores asociados al aumento de los niveles de colesterol de las HDL, la forma “protectora” de las lipoproteínas, son la raza (negra), el sexo (femenino), el peso normal, el ejercicio físico y la ingesta moderada de alcohol.


Los factores socioeconómicos también desempeñan al parecer un papel, al menos en los países industrializados, como Alemania occidental, en los que se hallaron niveles elevados de colesterol en grupos de población de ambos sexos de bajo nivel educativo (menos de diez años de escuela) en comparación con los que completaron 12 años de educación (Heinemann 1993).

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