Salud y Seguridad Industrial

jueves, 21 de agosto de 2014

RECEPTORES CUTANEOS (III)

Los mensajes producidos por los receptores pueden subdivi- dirse según la respuesta dada a una estimulación continua no variable: los receptores de adaptación lenta envían impulsos electroquímicos al sistema nervioso central durante el tiempo que dura un estímulo constante, mientras que los receptores de adaptación rápida reducen de forma gradual sus descargas en presencia de un estímulo constante, hasta que alcanzan un nivel basal bajo o cesan por completo, con lo que dejan de informar al sistema nervioso central sobre la presencia continua del estímulo.

Las sensaciones distintas de dolor, calor, frío, presión y vibra- ción se producen, por tanto, por la actividad sobre distintas clases de receptores sensoriales y sus fibras nerviosas correspon- dientes. Los términos “aleteo” y “vibración”, por ejemplo, se utilizan para distinguir dos sensaciones vibratorias ligeramente distintas codificadas por dos clases diferentes de receptores sensi- bles a la vibración (Mountcastle y cols. 1967). Las tres categorías importantes de sensación dolorosa conocidas como dolor punzante, quemante y sordo se han asociado con clases distintas de fibras aferentes nociceptivas. Sin embargo, esto no quiere decir que una sensación específica se relacione necesariamente sólo con una clase de receptor; a una sensación determinada puede contribuir más de una clase de receptores y, de hecho, las sensaciones pueden variar dependiendo de la contribución rela- tiva de las diferentes clases de receptores (Sinclair 1981).
El resumen precedente se basa en la hipótesis de la especifi- cidad de la función sensorial cutánea, formulada en primer lugar por el médico alemán Von Frey en 1906. Aunque en el siglo pasado se propusieron al menos otras dos teorías de igual o mayor aceptación, en la actualidad la hipótesis de Von Frey está respaldada por datos objetivos.

miércoles, 20 de agosto de 2014

RECEPTORES CUTANEOS (II)

Las diferentes clases de receptores cutáneos, como todos los receptores sensoriales, se definen de dos maneras: por sus estruc- turas anatómicas y por el tipo de señales eléctricas que envían por las fibras nerviosas. Los receptores de estructuras definidas reciben generalmente el nombre de sus descubridores. El número relativamente escaso de clases de receptores sensoriales que se encuentran en la piel puede dividirse en tres categorías principales: mecanorreceptores, receptores térmicos y nociceptores.
Todos estos receptores sólo pueden transmitir información acerca de un tipo de estímulo después de ser codificados en un lenguaje electroquímico particular. Estos códigos utilizan frecuencias y patrones variables de impulsos nerviosos que los científicos sólo han empezado a descifrar. De hecho, una rama importante de la investigación neurofisiológica está dedicada por entero al estudio de los receptores sensoriales y de las formas en que pueden traducir los estados de energía ambientales en códigos nerviosos. Una vez generados los códigos, estos se trans- miten al sistema nervioso central por las fibras aferentes, las células nerviosas que conectan con los receptores transmitiendo las señales al sistema nervioso central.

martes, 19 de agosto de 2014

RECEPTORES CUTANEOS (I)

La sensibilidad cutánea comparte los elementos principales de todos los sentidos básicos. Los receptores sensoriales, que son las terminaciones de unas células nerviosas especializadas, captan las propiedades del mundo exterior, como el color, el sonido o la vibración, y convierten estos datos en impulsos nerviosos. Estas señales se transmiten entonces al sistema nervioso central, donde se convierten en la base para interpretar el mundo que nos rodea. Es útil reconocer tres aspectos esenciales de estos procesos. Primero, la energía y los cambios del nivel de energía, sólo pueden percibirse por medio de un órgano sensorial capaz de detectar el tipo específico de energía en cuestión (por esto las microondas, los rayos X y la luz ultravioleta son peligrosas; no estamos preparados para detectarlas, de forma que incluso a niveles letales no podemos percibirlas). En segundo lugar, nuestras percepciones son necesariamente sombras imperfectas de la realidad, porque nuestro sistema nervioso central se limita a reconstruir una imagen incompleta de las señales que transmiten sus receptores sensoriales. Tercero, nuestros sistemas sensoriales nos aportan una información más exacta sobre los cambios en nuestro entorno que sobre las condiciones estáticas. Estamos bien dotados con receptores sensoriales para las luces parpa- deantes, o para las pequeñas fluctuaciones de temperatura que provoca una brisa ligera; sin embargo, nuestra capacidad senso- rial es menor para recibir información sobre una temperatura constante o una presión constante sobre la piel.
Tradicionalmente, la sensibilidad de la piel se divide en dos categorías: cutánea y profunda. Mientras que la sensibilidad profunda se sitúa en receptores localizados en el músculo, los tendones, las articulaciones y el periostio (membrana que rodea los huesos), la sensibilidad cutánea, a la que nos referimos aquí, se relaciona con la información recibida por los receptores loca- lizados en la unión de la dermis con la epidermis o cerca de ella. Todos los nervios sensoriales que unen los receptores cutáneos al sistema nervioso central tienen una estructura similar. El gran cuerpo celular se sitúa en un grupo de otros cuerpos celulares nerviosos denominado ganglio, cerca de la médula espinal, a la que se conecta por una rama pequeña que parte del tronco de la célula y que se denomina axón. La mayoría de las células nerviosas o neuronas que se originan en la médula espinal envían axones a los huesos, músculos, articulaciones o, en el caso de la sensibilidad cutánea, a la piel. De la misma forma que un cable aislado, todos los axones están recubiertos en su trayecto y terminaciones por capas protectoras de células conocidas como células de Schwann. Estas células producen una sustancia deno- minada mielina, que cubre el axón como una vaina. En el reco- rrido, cada ciertos intervalos existen minúsculos cortes en la mielina denominados nódulos de Ranvier. Finalmente, en el extremo del axón se hallan los componentes especializados en recibir y transmitir información sobre el ambiente externo: los receptores sensoriales (Mountcastle 1974).

lunes, 18 de agosto de 2014

Trabajadores de profesiones e industrias de alto riesgo

Aunque la silicosis es una enfermedad antigua, todavía se comu- nican nuevos casos en los países desarrollados y en desarrollo. A principios de siglo, la silicosis era una causa importante de morbi- lidad y mortalidad. Los trabajadores contemporáneos todavía están expuestos al polvo de sílice en diversas profesiones, y cuando las nuevas tecnologías carecen de un control adecuado del polvo, las exposiciones pueden llegar a ser más peligrosas que en un entorno de trabajo no mecanizado. Siempre que se altera la corteza terrestre o se utilizan o procesan rocas o arena que contiene sílice, existen riesgos respiratorios potenciales para los trabajadores. Siguen apareciendo informes de silicosis proce- dentes de industrias y entornos de trabajo no reconocidos previa- mente como de riesgo, lo que refleja la presencia prácticamente ubicua del sílice. De hecho, debido a la latencia y la cronicidad de este proceso, incluidos el desarrollo y la progresión de la silicosis una vez interrumpida la exposición, es posible que algunos traba- jadores con exposiciones actuales no manifiesten enfermedad hasta el próximo siglo. En muchos países del mundo, los trabajos de minería, canteras, construcción de túneles y galerías, limpieza por abrasión a chorro y fundición continúan presentando riesgos importantes de exposición al sílice, y siguen produciéndose epide- mias de silicosis, incluso en los países desarrollados.

domingo, 17 de agosto de 2014

Discusión SILICOSIS

La silicosis es una enfermedad pulmonar profesional atribuible a la inhalación de dióxido de silicio, comúnmente denominado sílice, en formas cristalinas, generalmente como cuarzo, pero también en otras formas cristalinas importantes de sílice, como la cristobalita y la tridimita. Estas formas también reciben el nombre de “sílice libre” para diferenciarlas de los silicatos. El contenido en sílice de las diferentes formaciones de roca, como la piedra arenisca, el granito y la pizarra, varía entre el 20 % y casi el 100 %.

sábado, 16 de agosto de 2014

SILICOSIS

La silicosis es una enfermedad fibrótica de los pulmones causada por la inhalación, retención y reacción pulmonar al sílice cristalino. A pesar de conocer la causa de este proceso —exposiciones respiratorias a polvos que contienen sílice—, esta enfermedad pulmonar profesional grave y potencialmente mortal sigue siendo prevalente en todo el mundo. El sílice, o dióxido de silicio, es el componente predominante de la corteza terrestre. La exposición ocupacional a partículas de sílice de tamaño respirable (diámetro aerodinámico de 0,5 a 5 m) se asocia a los trabajos de minería, canteras, perforación, construcción de túneles y limpieza mediante abrasión a chorro con materiales que contienen cuarzo (limpieza con arena). La exposición al sílice también supone un riesgo para los canteros y los trabajadores de cerámicas, fundiciones, tierras de sílice y materiales refractarios. Debido a que la exposición al sílice cristalino es muy extensa y a que la arena de sílice es un componente barato y versátil de numerosos procesos de fabricación, millones de trabajadores de todo el mundo están en riesgo de desarrollar la enfermedad, cuya verdadera preva- lencia se desconoce.

viernes, 15 de agosto de 2014

Discusión neumoconiosis

La información proporcionada por muchas disciplinas científicas sobre la etiopatogenia de las neumoconiosis es muy abundante. La principal dificultad actualmente reside en conjuntar los elementos dispersos del rompecabezas en vías de unificación de mecanismos que conduzcan a las lesiones fundamentales de las neumoconiosis. Sin esta necesaria integración, nos quedaríamos con el contraste entre unas cuantas lesiones fundamentales y muy numerosas reacciones bioquímicas y celulares.
Nuestro conocimiento de la etiopatogenia sólo ha tenido hasta la fecha una influencia limitada en la práctica de la higiene del trabajo, a pesar de la fuerte determinación de los higienistas de actuar de acuerdo a estándares con alguna importancia bioló- gica. Se incorporaron dos conceptos principales: la selección del tamaño de las partículas de polvo respirable y la dependencia de la toxicidad según el tipo de polvo. Este último concepto dio lugar a ciertos límites específicos de cada tipo de polvo. La valo- ración cuantitativa del riesgo, paso necesario para definir los límites de exposición, constituye un proceso complicado por varias razones, como son la diversidad de posibles índices de exposición, la escasa información acerca de exposiciones ante- riores, los problemas que nos encontramos con los modelos epidemiológicos al trabajar con múltiples índices de exposición y la dificultad para estimar la dosis a partir de la información sobre la exposición. Los límites de exposición actuales, que en ocasiones conllevan un grado considerable de incertidumbre, son probablemente suficientemente bajos para ofrecer buena protección. Sin embargo, las diferencias entre trabajadores observadas en las relaciones de exposición-respuesta reflejan nuestro control incompleto de este fenómeno.
El impacto del moderno concepto de la cascada de aconteci- mientos en la patogenia de la neumoconiosis no ha modificado el método tradicional de vigilancia de los trabajadores, pero ha mejorado de forma significativa la capacidad de diagnóstico médico precoz de la enfermedad (neumoconiosis), en un momento en que ésta sólo ha tenido un impacto limitado sobre la función pulmonar. Son sin duda los sujetos que se encuentran en las fases precoces los que deben ser identificados y retirados de exposiciones importantes adicionales si queremos conseguir prevenir la discapacidad mediante la vigilancia médica.