Salud y Seguridad Industrial

miércoles, 16 de abril de 2014

Migración de las enfermedades y daños profesionales a los países en desarrollo

La incidencia de las enfermedades profesionales ha alcanzado un nivel sin precedentes. La Organización de las Naciones Unidas estima que se producen 6 millones de casos cada año en el mundo. Las enfermedades profesionales por trabajador expuesto se dan con mayor frecuencia en los países en desarrollo y, lo que es más importante, su gravedad ha aumentado. En algunos de estos países, el amianto es la principal causa de enfermedad y discapacidad de los trabajadores de la minería, la construcción y la producción de este mineral y, de acuerdo con algunas estimaciones, también de muerte. Los riesgos profesionales y medioam- bientales que plantean los productos a base de amianto no disuaden a las empresas que los fabrican de promoverlos en los países en desarrollo, donde la demanda de materiales de cons- trucción de bajo coste prevalece sobre la preocupación por la salud.
Las operaciones de fundido y refinado del plomo están trasla- dándose de los países desarrollados a los países en desarrollo. Así ocurre también con el reciclado de productos de plomo, que tiende a desplazarse a las naciones menos favorecidas, a menudo poco preparadas para afrontar los riesgos medioambientales y profesionales que genera. Actualmente, el número de fundi- ciones de plomo en los países industrializados es escaso, ya que esta actividad se ha trasladado a los países de reciente industria- lización. Muchos de los procesos relacionados con esta actividad se llevan a cabo en países con tecnologías inalteradas desde hace un siglo. Aunque los países desarrollados presuman de los logros alcanzados en el reciclado del plomo, en casi todos los casos este proceso se realiza en países en desarrollo y el plomo reciclado regresa a aquéllos como producto acabado.
En los Estados en desarrollo, los gobiernos y las empresas aceptan los materiales peligrosos sabiendo que es imposible que se legislen o apliquen unos niveles de exposición razonables. La gasolina, las pinturas, la tinta y los tintes, las pilas y muchos otros productos que contienen plomo son producidos en dichos países por empresas que suelen ser propiedad de extranjeros y que posteriormente los venden en el mercado internacional.
En los países en desarrollo, donde la mayoría de los trabaja- dores se dedican a la agricultura, los pesticidas se aplican manualmente. En el sudeste de Asia se registran cada año tres millones de casos de intoxicación por pesticidas (Jeyaratnam 1992). La mayor parte de la fabricación de estas sustancias en dichos países corresponde a empresas de propiedad extranjera o empresas locales con participación de capital extranjero. La utilización de pesticidas en estos países aumenta con rapidez, a medida que la población conoce las ventajas que ofrecen a la industria agraria y mejora la capacidad de producción en el propio país. Pesticidas como el DDT y el dibromocloropropano (DBCP), prohibidos en la mayoría de los Estados desarrollados, se venden y utilizan con profusión y sin restricciones en los países en desarrollo. Cuando los riesgos para la salud ocasionan la retirada de un pesticida del mercado de un país desarrollado, suele encontrarse un modo para que el producto en cuestión acceda a los mercados desregulados de los países en desarrollo.
El químico es uno de los sectores industriales de más rápido crecimiento en la economía mundial emergente. Las empresas químicas de los países desarrollados se han extendido por todo el mundo. Muchas de las de menor tamaño se trasladan a los países en desarrollo y convierten a esta industria en uno de los principales factores de contaminación medioambiental. Con el crecimiento de la población y la industrialización en las regiones más desfavorecidas de la tierra, aumenta la demanda de pesti- cidas, fertilizantes químicos y otras sustancias químicas indus- triales. Además, para agravar este problema, las sustancias químicas prohibidas en los países desarrollados se fabrican en cantidades cada vez mayores en los países de reciente industriali- zación. El DDT es un ejemplo evidente. Su producción alcanza niveles sin precedentes, a pesar de que su producción y utiliza- ción son ilegales en la mayoría de los países desarrollados desde los años 70.

martes, 15 de abril de 2014

El empeoramiento de la salud ambiental y laboral en los países en desarrollo

Muy pocos países en desarrollo tienen una normativa aplicable en materia de trabajo y medio ambiente. Deben ocuparse de problemas más acuciantes, como el desempleo, la desnutrición y las enfermedades infecciosas, lo que a menudo les lleva a pasar por alto los riesgos ambientales. Los países de reciente industriali- zación están ansiosos por obtener los beneficios financieros que las empresas y los inversores extranjeros les reportan. No obstante, estos beneficios llevan aparejados problemas sociales y ecológicos.
Los positivos resultados económicos y sociales de la actividad industrial en los países en desarrollo van acompañados de una grave degradación medioambiental. Las ciudades principales de estos Estados comienzan a acusar las consecuencias de la conta- minación atmosférica, la ausencia de tratamiento y depuración de las aguas residuales y el aumento de las cantidades de residuos peligrosos enterrados, depositados sobre el terreno o vertidos en ríos y océanos. Muchos países del mundo carecen de una normativa sobre medio ambiente y, cuando existe, su aplica- ción es escasa o nula.
La población activa de los países en desarrollo está acostum- brada a trabajar en pequeñas empresas. En general, cuanto más pequeñas, mayor es la tasa de accidentes y enfermedades profesionales. Estas unidades de producción se caracterizan por la inseguridad de los edificios y otras estructuras, la antigüedad de la maquinaria utilizada, las deficiencias de ventilación, el ruido, el bajo nivel de educación, cualificación y formación de los trabajadores y la escasez de recursos financieros. Rara vez disponen de prendas de protección, equipos respiratorios, guantes, protectores auditivos y gafas de seguridad. Las empresas suelen resultar inaccesibles a las inspecciones de los organismos públicos competentes en materia de salud y segu- ridad. En muchos casos, funcionan como una “industria sumergida” formada por empresas que ni siquiera están registradas por la Administración a efectos tributarios.
La opinión pública basa su idea de las empresas en el extranjero en las grandes multinacionales. Sin embargo, mucho más habituales que estos gigantes industriales son los miles de pequeñas empresas propiedad de extranjeros y gestionadas o supervisadas por directivos locales. La capacidad de la mayoría de los gobiernos extranjeros para regular estas empresas o incluso controlar el transporte de productos y materiales es extremadamente limitada. En general, las empresas trasladadas se adaptan al cumplimiento de las normas en materia de medio ambiente y de salud y seguridad en el trabajo vigentes en el país de acogida. En consecuencia, las tasas de fallecimiento de traba- jadores en los países de reciente industrialización son muy supe- riores a las de los países desarrollados y sus tasas de accidentes en el lugar de trabajo son semejantes a las registradas en estos últimos en los primeros años de la Revolución Industrial. En este sentido, puede decirse que la Revolución Industrial está produciéndose de nuevo, pero el número de trabajadores y países que participan en ella es mucho mayor.
Casi todo el crecimiento de la población mundial se concentra en los países en desarrollo. Actualmente, la población activa en estos países asciende a unos 1.760 millones de personas, pero llegará a 3.100 millones en el 2025, lo que conlleva la necesidad de crear de 38 a 40 millones de nuevos puestos de trabajo por año (Kennedy 1993). En esta situación, no es muy probable que los trabajadores demanden una mejora de las condiciones de trabajo.


lunes, 14 de abril de 2014

Predicciones de reducción de los estudios sobre salud en el trabajo

El traslado de las empresas de semiconductores de Estados Unidos y Japón al sudeste asiático es manifiesto en un país de reciente industrialización como Malasia. Desde mediados de los años 70, este país se ha convertido en el tercer fabricante y el mayor exportador de semiconductores del mundo. Es muy poco probable que las empresas extranjeras sigan financiando la inves- tigación en materia de salud en el trabajo y medio ambiente en un país lejano en el que emplean a trabajadores extranjeros. El ahorro obtenido por estos fabricantes de semiconductores aumentará gracias a la posibilidad de desatender los aspectos relativos a la salud y la seguridad, siguiendo la orientación de sus competidores internacionales. Los gobiernos y las empresas de los países de reciente industrialización harán caso omiso de la tasa de abortos de las trabajadoras de la industria de los semiconduc- tores. La mayoría de los trabajadores no reconocerán la asocia- ción entre trabajo y aborto.

domingo, 13 de abril de 2014

Elección de un modelo de servicio de salud en el trabajo

La decisión primaria de establecer o no un servicio de salud en el trabajo puede venir determinada por la ley, por el contrato entre la dirección y los trabajadores o por la preocupación de la direc- ción por la salud y la seguridad de éstos. Aunque la conciencia del valor que tiene un servicio de salud en el trabajo para el mantenimiento del aparato productivo induce a muchas empresas a la prestación de estos servicios, otras veces influyen consideraciones económicas, tales como el control del coste de las prestaciones indemnizatorias a los trabajadores, la evitación del absentismo por enfermedad y la discapacidad, la jubilación anti- cipada por causas sanitarias, las multas reglamentarias, las recla- maciones judiciales, etc.
El modelo de prestación de servicios de salud en el trabajo puede venir prescrito por normas legales o reglamentarias, ya sean de carácter general o exclusivamente aplicables a determi- nados sectores. Este suele ser el caso del modelo de seguridad social, en el que las empresas clientes no tienen otras opciones.
En la mayoría de los casos, el modelo elegido viene determi- nado por factores tales como el tamaño de la mano de obra y sus características demográficas, el tipo de trabajo que realizan y los peligros del lugar de trabajo a que se enfrentan, la ubicación del lugar de trabajo, el tipo y calidad de los servicios sanitarios disponibles en la comunidad y, tal vez lo más importante, la holgura económica de la empresa y su capacidad para prestar el apoyo económico necesario.
En algunos casos la empresa crea un servicio mínimo que va ampliándose y multiplicando sus actividades a medidas que demuestra su valía y consigue la aceptación de los trabajadores. Son pocos los estudios comparativos realizados hasta el momento sobre el funcionamiento de los diversos modelos de servicios de salud en el trabajo en diversas circunstancias.

sábado, 12 de abril de 2014

Modelo de seguridad social

En Israel, México, España y algunos países africanos, por ejemplo, la prestación de servicios de salud en el trabajo corre a cargo de servicios especializados creados y gestionados por el sistema de seguridad social.
En Israel, este modelo es básicamente similar en su estructura y funcionamiento al modelo colectivo, mientras que en el resto de los casos está más orientado a la asistencia sanitaria curativa. Su característica básica es que está gestionado por la organiza- ción responsable de la indemnización a los trabajadores en caso de lesión o enfermedad profesional. Aunque se prestan servicios curativos y de rehabilitación, el énfasis en el control de los costes de seguridad social ha llevado a dar prioridad a los servicios preventivos.