lunes, 16 de junio de 2008

Transferencia de masa (III)



La solubilidad acuosa de los materiales voluminosos apenas sirve como referencia para la solubilidad de partículas en el tracto respiratorio. La solubilidad suele estar muy aumentada debido a la enorme relación superficie/volumen de las partículas lo suficientemente pequeñas como para entrar en los pulmones. Además, el contenido iónico y lipídico de los líquidos de superficie presentes en el interior de las vías aéreas es complejo y muy variable, y puede dar lugar a una mayor solubilidad o a la precipitación rápida de solutos acuosos. Por otro lado, las vías de aclaramiento y los tiempos de permanencia de las partículas en la superficie de las vías aéreas son muy diferentes en las diversas partes funcionales del tracto respiratorio.
El modelo de aclaramiento revisado por el Grupo de Trabajo de la ICRP identifica las principales vías de aclaramiento dentro del tracto respiratorio que son importantes para la determinación de la retención de diversos materiales radiactivos y, por tanto, de las dosis de radiación recibidas por los tejidos respiratorios y por otros órganos tras la traslocación. El modelo de depósito de la ICRP se utiliza para estimar la cantidad de mate- rial inhalado que entra en cada vía de aclaramiento. Estas vías, claramente definidas, están representadas en el modelo compartimental mostrado en la Figura 10.3. Se corresponden con los compartimentos anatómicos representados en la Figura 10.1, y se resumen en la Tabla 10.1, junto con los de otros grupos que proporcionan una orientación sobre la dosimetría de partículas inhaladas.

sábado, 14 de junio de 2008

Acciones tóxicas sobre la espermatogénesis y la espermiogénesis (II)

La exposición profesional al 1,2-dibromocloropropano(DBCP) redujo la concentración de espermatozoides en los eyaculados desde un valor medio de 79 millones células/ml en hombres no expuestos a 46 millones células/ml en trabajadores expuestos (Whorton y cols. 1979). Con el traslado de éstos, los que presentaban un recuento reducido experimentaron una recuperación parcial, mientras que los azoospérmicos permanecieron estériles. La biopsia testicular reveló que el objetivo del DBCP eran las espermatogonias. Esto explica la gravedad del efecto resultante cuando el objetivo de las sustancias tóxicas son las células madre. No hubo indicios de que la exposición al DBCP de los varones se asociara a resultados adversos del emba- razo (Potashnik y Abeliovich 1985). Otro ejemplo de efecto tóxico sobre la espermatogénesis/espermiogénesis fue el estudio de los trabajadores expuestos al dibromuro de etileno (EDB). Presentaban más espermatozoides con cabeza fusiforme y un menor número de espermatozoides por eyaculado que los controles (Ratcliffe y cols. 1987).
La lesión genética es difícil de detectar en los espermatozoides humanos. Varios estudios realizados en animales utilizando el ensayo letal dominante (Ehling y cols. 1978) indican que la exposición paterna puede dar resultados adversos en el emba- razo. Estudios epidemiológicos con grandes poblaciones han demostrado un aumento de la frecuencia de abortos espontáneos entre mujeres cuya pareja trabajaba como mecánico de vehículos de motor (McDonald y cols. 1989). Indican así la necesidad de desarrollar métodos de detección de las lesiones gené- ticas en los espermatozoides humanos. Estos métodos se están desarrollando en varios laboratorios y entre ellos figuran las sondas de ADN para detectar mutaciones genéticas
(Hecht 1987), el cariotipo de los cromosomas del espermato- zoide (Martin 1983) y evaluación de la estabilidad del ADN por citometría de flujo (Evenson 1986).
La Figura 9.3 presenta las exposiciones cuyo efecto sobre la calidad de los espermatozoides es conocido, y la Tabla 9.2 ofrece un resumen de los resultados de los estudios epidemiológicos realizados acerca de los efectos paternos sobre los resultados reproductivos.

jueves, 12 de junio de 2008

Acciones tóxicas sobre la espermatogénesis y la espermiogénesis (I)

Las sustancias tóxicas pueden alterar la espermatogénesis en varios puntos. Las más lesivas, debido a su irreversibilidad, son las que matan o alteran genéticamente (fuera del alcance de los mecanismos de reparación) las espermatogonias o las células de Sertoli. Estudios realizados en animales han permitido determinar la fase en la que una sustancia tóxica ataca el proceso de espermatogénesis. Estos estudios emplean exposiciones breves a una sustancia tóxica antes de muestrear para determinar el efecto. Conociendo la duración de cada fase de la espermatogénesis, se puede realizar una extrapolación para estimar la fase afectada.
El análisis bioquímico del líquido seminal aporta datos sobre la función de las glándulas sexuales accesorias. Las sustancias químicas que segregan fundamentalmente cada una de esas glándulas se seleccionan específicamente para actuar como marcadores de las mismas. Por ejemplo, el epidídimo está repre- sentado por la GPC, las vesículas seminales por la fructosa y la próstata por el zinc. Hay que señalar que este tipo de análisis ofrece sólo una información general sobre la función glandular,
y poca o ninguna sobre los demás componentes secretores. La determinación del pH y la osmolalidad del semen proporciona información general adicional sobre la naturaleza del líquido seminal.
El líquido seminal se puede analizar para determinar la presencia de una sustancia tóxica o de sus metabolitos. Se han detectado en él metales pesados mediante espectrofotometría de absorción atómica, mientras que los hidrocarburos halogenados se han cuantificado mediante cromatrografía en gas tras extrac- ción o filtración de limitación proteica (Stachel y cols. 1989; Zikarge 1986).
La viabilidad y movilidad de los espermatozoides en el líquido seminal representa típicamente la calidad del mismo. Las altera- ciones de la viabilidad de los espermatozoides, determinadas mediante exclusión por tinción o por edema hipoosmótico, o las alteraciones de los parámetros de la movilidad del esperma sugieren efectos tóxicos postesticulares.
Los análisis de semen pueden indicar también si la produc- ción de espermatozoides ha resultado afectada por una sustancia tóxica. El recuento y la morfología de los espermatozoides ofrecen índices de la integridad de la espermatogénesis y de la espermiogénesis. Así, el número de espermatozoides presentes en la eyaculación es directamente proporcional al de células germinales por gramo de testículo (Zuckerman y cols. 1978), mientras que la morfología anormal probablemente es conse- cuencia de una espermiogénesis anormal. La presencia de esper- matozoides muertos o inmóviles refleja con frecuencia los efectos de episodios postesticulares. Por tanto, el tipo o el momento de un efecto tóxico pueden indicar el destino de la sustancia tóxica. Así, la exposición de ratas macho a 2-metoxietanol determina fertilidad reducida en el curso de cuatro semanas (Chapin y cols. 1985). Esta prueba, corroborada por observaciones histológicas, indica que el destino de la sustancia tóxica son los espermatocitos (Chapin y cols. 1984). Aunque no es ético exponer deliberadamente a seres humanos a sustancias que podrían ser tóxicas para la reproducción, los análisis de semen de series de eyaculaciones de varones expuestos inadvertidamente durante tiempos breves a sustancias potencialmente tóxicas pueden aportar información valiosa similar.

domingo, 8 de junio de 2008

Marcadores biológicos de nefrotoxicidad (II)


Un factor de crecimiento soluble que puede tener aplicación clínica es el factor de crecimiento epidérmico urinario (FCE), que puede ser excretado por el riñón y también está alterado en pacientes con carcinoma vesical de células de transición. Se ha investigado la cuantificación de las urinarias, pero su utilidad es limitada debido a la imposibilidad de determinar el origen de la enzimaya la falta de reproducibilidad de los ensayos. El empleo de enzimas urinarias y su aceptación universal avanzan con gran lentitud debido a los criterios restrictivos que acabamos de mencionar. Las enzimas evaluadas son la alaminopeptidasa, la NAG y la fosfatasa alcalina intestinal. La NAG es quizá el marcador más aceptado para el control de las lesiones de las células de los túbulos proximales, debido a su localización en el segmento S3 del túbulo. No es fácil interpretar los resultados, ya que no se conocen la célula exacta de origen ni la causa patológica de la actividad de la enzima urinaria. Además, algunos fármacos, pruebas diagnósticas y trastornos concomitantes (como el infarto de miocardio) pueden dificultar la interpretación.
Otra posibilidad consiste en utilizar anticuerpos monoclonales como marcadores biológicos para identificar y cuantificar las células tubulares presentes en la orina procedentes de diferentes zonas de la nefrona. La utilidad de este método dependerá del mantenimiento de la integridad de la célula que se vaya a cuantificar, para lo que habrá que fijar y manipular adecuadamente las muestras. Actualmente se dispone de anticuerpos monoclonales que actúan sobre células tubulares específicas y distinguen, por ejemplo, entre las células de los túbulos proximales, de los túbulos distales o de los túbulos contorneados. El microscopio de transmisión no permite distinguir adecuadamente las diferencias entre los leucocitos y diversos tipos de células tubulares, mientras que el microscopio electrónico permite detectar el rechazo de un trasplante. Este problema debería resolverse con técnicas como el análisis cuantitativo de alta velocidad de imágenes de fluorescencia de las células tubulares teñidas con anticuerpos monoclonales. En un futuro no muy lejano será posible detectar la nefrotoxicidad subclínica con una gran certidumbre tras produ- cirse la exposición.

viernes, 6 de junio de 2008

Gases

Una amplia variedad de productos químicos con estructuras químicas totalmente diferentes son gases a temperatura normal y tienen una neurotoxicidad demostrada (véase Tabla 7.3). Algunos de ellos son sumamente tóxicos incluso en dosis muy pequeñas, y se han utilizado como gases de guerra (fosgeno y cianuro); otros necesitan dosis más altas durante periodos más largos para originar síntomas (p. ej., anhídrido carbónico). Algunos se utilizan para la anestesia general (p. ej., óxido nitroso); otros son amplia- mente utilizados en la industria y en productos para la desinfec- ción (p. ej., formaldehído). Los primeros pueden inducir alteraciones irreversibles del sistema nervioso después de exposiciones repetidas de bajo nivel, mientras que los segundos sólo provocan aparentemente síntomas agudos. La exposición en habitaciones pequeñas con mala ventilación resulta particular- mente arriesgada. Algunos de los gases son inodoros, lo que los hace especialmente peligrosos (p. ej., el monóxido de carbono). Como se muestra en la Tabla 7.3, algunos gases son componentes importantes en la producción industrial, mientras que otros son el resultado de una combustión incompleta o completa (p. ej., CO y CO2, respectivamente). Esta situación se da en la minería, la side- rurgia, centrales eléctricas, etc., pero también pueden encontrarse en hogares con ventilación insuficiente. Para el tratamiento es fundamental interrumpir la exposición y proporcionar aire fresco u oxígeno, y en los casos graves ventilación artificial.

martes, 3 de junio de 2008

Enfermedades de los Discos Intervertebrales: Tabaquismo

La nutrición del disco es muy precaria, y basta una pequeña reducción del flujo de nutrientes para que resulte insuficiente para el metabolismo normal de sus células. El consumo de cigarrillos puede producir tal reducción debido a su efecto sobre el sistema circulatorio fuera del disco intervertebral. El transporte de nutrientes como oxígeno, glucosa o sulfato al interior del disco se reduce significativamente tras sólo 20 a 30 minutos del consumo de tabaco, lo que puede explicar la mayor incidencia de dolor lumbar en los fumadores en comparación con los no fuma- dores (Rydevik y Holm 1992).

domingo, 1 de junio de 2008

Actitud ante los problemas de salud mental

El modelo conceptual (Figura 5.1) sugiere al menos dos objetivos de la intervención en los problemas de salud mental:

1. El medio ambiente (de trabajo).
2. La persona, ya sean sus características o las consecuencias en la salud mental.


La prevención primaria, el tiempo de intervención que debe evitar que se produzca la enfermedad mental, debe orientarse hacia los precursores, eliminando o reduciendo los riesgos del entorno y favoreciendo la capacidad de afrontamiento y otras capacidades del individuo. La prevención secundaria se orienta hacia el mantenimiento de la población activa que ya padece algún tipo de problema de salud (mental). Este tipo de prevención debería abarcar la estrategia de prevención primaria, asociada a estrategias encaminadas a que tanto los trabajadores como sus supervisores puedan reconocer precozmente los signos de la mala salud mental, a fin de reducir sus consecuencias o impedir que empeoren. La prevención terciaria va dirigida a la rehabilitación de las personas que han dejado de trabajar por problemas de salud mental. Este tipo de prevención debe diri- girse a la adaptación de los puestos de trabajo a las posibilidades del individuo (lo que a menudo resulta sumamente eficaz), junto con el asesoramiento y tratamiento individuales. La Tabla 5.1 ofrece un marco sistemático sobre la conducta a seguir ante los trastornos mentales en el lugar de trabajo. En principio, todo plan preventivo eficaz debe tomar en consideración los tres tipos de estrategia (prevención primaria, secundaria y terciaria), así como los riesgos, las consecuencias y las características de las personas.
La pauta presentada proporciona un método útil para el análisis sistemático de todas las medidas posibles. Puede discutirse si una medida determinada podría pertenecer a otra cate- goría de la pauta, pero esta discusión sería un tanto inútil, ya que a menudo sucede que una medida de prevención primaria funciona también como prevención secundaria. El análisis sistemático propuesto puede muy bien producir un gran número de medidas potenciales, de las que pueden adoptarse varias, bien como parte de una política general (de salud y seguridad) o para un caso específico.
En conclusión, aunque la salud mental no es un estado, proceso o resultado claramente definido, cubre un campo generalmente aceptado de la (mala) salud. Parte de este campo puede ser abarcado por los criterios diagnósticos generalmente acep- tados (p. ej., psicosis, trastorno depresivo mayor), pero el carácter diagnóstico de otras partes no está claro ni goza de aceptación general. Son ejemplos de estas últimas los estados de ánimo y los afectos, así como el agotamiento. Pese a todo, existen numerosos indicios de que la (mala) salud mental, incluidos los criterios diagnósticos más vagos, es un problema importante que tiene un elevado coste, tanto humano como económico. En los artículos siguientes de este capítulo, se tratarán varios trastornos de la salud mental —los estados de ánimo y los afectos (p. ej., insatisfacción), el agotamiento, el trastorno por estrés postraumático, las psicosis, los trastornos cognitivos y el abuso de sustancias psicoactivas— con mayor profundidad en lo que se refiere al cuadro clínico, las técnicas de evaluación existentes, los factores y agentes etiológicos y las medidas específicas de prevención y tratamiento.